DIARI INDEPENDENT DEL GRAN PENEDÈS

La chica equivocada


Pere Agramunt | encanal

28-09-2001 0:00

Por lo pronto quererse no es nunca una explicación,
como no lo es tener amigos comunes (…)

Julio Cortázar

En un café del centro de la ciudad, una pareja más o menos estable mantiene una agitada charla. Un encuentro que, en muchos de los casos, dista bastante de aquellas primeras citas tan bien planchadas y perfumadas. Un pequeño lapso de tiempo que a veces se vuelve definitivo e insalvable para una relación.


- Me parece una vulgaridad más, Raquel. Sin lugar a dudas te estás volviendo una de esas chicas horrorizadas ante la idea de traspasar la barrera que las acerca más a los treinta que a los veinte. – Dice mientras enciende un cigarrillo.
- Pues yo sigo creyendo que tenemos que ayudarle. Habrá que hacer algo antes de que se nos vaya definitivamente, ¿no crees?
- Sí, es verdad, tienes razón… aunque sabes que esas medidas tan drásticas me suponen días de dudas y más dudas; cuando estas han pasado sigo con unas jornadas de irritabilidad extrema y para rematarlo durante ese periodo pierdo todo mi apetito sexual. ¿No te parecen suficientes motivos como para pensárselo? – Mientras, el humo que había aspirado de su cigarrillo salió casi compulsivamente por entre sus labios, como si se hubiese enfadado con su cavidad bucal o algo por el estilo.
- No me hagas reír. Eres perfectamente consciente de que tú nunca has perdido ni un ápice de tu líbido. En ese sentido eres más bien un animal y no un pensador racional y emotivo que da clases de literatura francesa en la Universidad. – Cruza los brazos en ademán de enfado, mientras entre los dos se escurren diez segundos de incómodo silencio.
- Oh, vamos Raquel! Lo que sucede es que Marta tiene una necesidad muy urgente de flirtear con alguien y, claro, Marc siempre estuvo en un lugar privilegiado en su agenda de los sábados por la noche. Y ahora, con la escusa de que su nuevo ligue le está apartando de nosotros, le está cambiando el caráter, bla, bla, bla…
- Eres un jodido cínico. ¿Qué pasa, no puedes aceptar que Marta ya no es tu pareja? Hace un año y cuatro meses que estamos juntos y, la verdad, aún no sé cómo he podido aguantar tanto y más importante todavía, no me explico porqué te recogí del deshaucio en el que te encontrabas después de que rompiérais.
- Oh, es verdad, no me acordaba, tienes toda la razón. Muchas gracias, eternas gracias a la salvadora de todas las almas en pena de esta desdichada ciudad. Primero me salvas a mí, después maquinas un plan con Marta para que el ingenuo de Marc rompa con su chica… Tendrías que empezar a pensar seriamente lo de montar una congregación religiosa, así, en plan secta, los Adoradores de Raquel os podríais llamar, o no, espera…
- Estúpido cabrón! Tenía que haber escuchado lo que me advertía Marta. Se cree el ombligo del mundo, créeme, me decía ella. Y yo, incrédula de mí, con una simple noche de vino y el suaaave –dice ella en un tono quisquilloso- acompañamiento de tus discos de Chet Baker caí rendida en tus brazos como si estuviésemos viviendo un episodio de Friends. Bah! Me largo, aquí te quedas…

Cuando aún no había acabado de decir la última frase, Raquel se levantó de la mesa lanzando una mirada desafiante a Roberto, en un arrebato que ya quisieran emular muchas de las actrices de esas comedias americanas.

¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?

Jaime Gil de Biedma


Dos días más tarde suena el teléfono en casa de Roberto. Es Marc. Su voz retumba cavernosa por entre los dos lados del hilo telefónico; sus primeras palabras suenan tan graves que crean interferencias en las líneas de los vecinos. “Oye, que te pierdo, no se oye nad…”. “Manolo, te he dicho veinte veces que no finjas interferencias para colgarme, ¿eh?, ¿Manolo?…”.

- Robertito, Robertito… Hacia tiempo que no me hacías una jugarreta de tal calibre, ¿eh? Me parece que desde nuestro segundo año de Universidad. ¿Ya no te acuerdas de Sandra?
- Eh, Marc, te aseguro que yo no he tenido nada que ver con el plan para que cortases con tu nueva novia, te lo aseguro tío…
- Pero bueno, ¿es que estás tonto, o qué? Entonces, ¿cómo demonios lo sabes? Mira, no tengo intención de creerme ni una sola de las mentiras que puedas llegar a…
- Por favor, me has de escuchar. Déjame como mínimo defenderme, me parece que es un derecho constitucional, la presunción de inocencia y todo el rollo ¿no?
- No viene al caso, como siempre. Pero va, te concedo un minuto. Ni un segundo más.

En ese momento Roberto sabía que, dijese lo que dijese, ya tenía el handicap de ser el último en explicar su versión, porque era evidente que tanto Raquel como Marta ya habían parapetado su respetabilidad detrás de acusaciones del todo injustas sobre el pobre Roberto.

- No te quiero hacer creer otra cosa, Marc. Sabía todo el plan desde el principio, pero me desmarqué de él tras una discusión con Raquel. Porque ya no salimos, ¿lo sabías?
- No, no lo sabía. Pero no fue eso lo que me dijeron. Según ellas, tú solito habías trazado el plan y también tú pediste el niño a tu hermana para hacer el numerito de la salida del apartamento.
- ¿Qué? ¿De qué niño me hablas? – Roberto entendió que la situación era algo más peliaguda de lo que había imaginado en un principio.
- Ahora me dirás que no sabes que Marta y Raquel me abordaron a la salida de mi apartamento con ese niño, al que no había visto en mi vida, y entre gritos y hasta algún insulto me iban diciendo que cómo no le pagaba la manutención, si no me daba vergüenza dejar abandonado a un hijo y a una madre soltera… Fue increible, es que todavía no me hago la idea.
- ¡Jodeeer! –Roberto estava desbordado por los acontecimientos.
- Te puedes imaginar cual fue la reacción de mi Gigi. Aún me duele mogollón el ojo. No podía llevar un bolso de estos plastificados de niñas modernas, no, el suyo era de piel buena y con los bordes reforzados. Como mínimo era de marca; llevo el logo de Loewe estampado en la frente como si fuese una de esas reses a las que marcan con hierros incandescentes en los westerns.
- Eh, tio, no sé que decir. De verdad que lo siento. No es que Gigi me cayese muy bien, lo reconozco, pero de aquí a montar toda esa performance…

Marc acabó por creer las explicaciones que Roberto le ofreció, pues la conveniencia es uno de los parámetros más desarrollados en las relaciones sociales.Y después, en un acto de reprobación de su amistad en un día tan duro, quedaron para ahogar sus penas no con el preceptivo scotch o algún ginebrazo de más, sino con una maratoniana sesión de natación. Esos dos personajes eran famosos en la piscina por apoderarse de un carril a base de un estilo mariposa poco depurado, de lo que se deduce que no tenían miramiento alguno con sus compañeros de agua clorada. Con los ánimos más relajados se dispusieron a ir a cenar a la pizzería que estaba dos calles más arriba, como era tradición después de semejante acto de barbarie corporal.

- El otro día oí uno de los secretos mejor guardados de un aristócrata para matenerse en forma, ¿Quieres saberlo?
- Venga, suéltalo.
- Pues dijo, el muy crápula, que hacia los años sesenta le preguntó a un conocido doctor francés qué podía hacer para llegar a viejo bien conservado; a lo que el doctor le contestó: ¡No hagas nunca deporte!
- Ja, ja, ja… –Marc rió francamente-. Es curioso; y no creo que vaya del todo desencaminado. ¿Te has fijado que pinta adquieren todos los deportistas de élite cuando abandonan las competiciones? O se inflan como globos o se quedan fláccidos, con todo el musculamen colgando por ahí.
- Es verdad, pero peor que los deportistas de alta competición son los que juegan en categorías inferiores, tipo universitario o los del equipo del pueblo que a lo mejor están en regional y se piensan que són lo más, esos sí que son la peste…

Mientras la conversación arremetía, con esas ráfagas dialécticas que son las charlas con los amigos, contra todos los valores del olimpismo samaranchiano entraron en el típico local apañado para la restauración (seguro que antes había sido una lavandería y un todo a cien y un badulaque paquistaní), y se sentaron en una mesa rinconera. Justo enfrente tenían uno de esos televisores pequeños que se cuelgan de la pared con un soporte metálico (a medio camino entre un altavoz y una antorcha).

Las noticias de las nueve. Muy buenas noches, esta misma tarde después de una estudiada operación policial ha sido detenida Gigi Martínez, apodada la “destripadora de prepucios”, una de las criminales más buscadas del estado. El Comisario portavoz ha declarado que se le imputan cinco asesinatos, con ensañamiento en las partes genitales, todos perpetrados en los dos últimos años. En el momento de su detención se encontraba en su casa preparando el instrumetal quirúrgico para la siguiente operación, lo cual parece indicar que tenía otra víctima en el punto de mira. Veamos algunas de las declaraciones del Comisario Estévez. “-Los ciudadanos pueden estar tranquilos porque yastá solucionao el tema de la prepucios, perdón, de la Sra. Martínez. Aunque seguro que muchas mujeres habrán pensao que ya les estaría bien a sus maridos algo así, ¿no?”

- ¡Glups!

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