Opinió

Almodóvar y la polémica

Almodóvar con ese ceño permanentemente fruncido hacia arriba, en estudiada humildad

La primera película de Almodóvar que vi fue ¿Qué he hecho yo para merecer esto?,y me gustó. Por fin alguien se atrevía a romper con la aburrida vehemencia de lo políticamente correcto, tan en boga en España en aquella época. El resto de sus películas ya me pareció una muestra de estridencias y diálogos poco convincentes. En esto se llevó la palma Todo sobre mi madre, en la que una monja improbable (Penélope Cruz) expresaba su deseo de marcharse a El Salvador y alguien (no recuerdo cuál de sus demasiados personajes) comentaba que El Salvador se encontraba en una “guerrilla”. Antes de hacer gala de solidaridad metiendo Centroamérica en sus películas, el Sr. Almodóvar tendría que haberse informado mejor. El Salvador estaba en guerra, no en “guerrilla”, palabra con la que se denomina a un ejército irregular organizado para derrocar el poder vigente en un país. Vamos, que una guerrilla es un grupo humano, no la guerra de baja intensidad a la que la monjita deseaba acudir. No sé, quizás he visto demasiadas películas de Woody Allen y de Amenábar, y estoy comparando el caviar con los rábanos.

Pero Almodóvar gusta a muchas personas a las que respeto, y me parece muy bien. Probablemente las respeto más que él mismo, porque estas personas, amantes de los animales o gente sensible en general, no esperaban que su última creación dejara seis toros muertos. Y encima, que declarara en la revista Fotogramas que los defensores de los animales no son más que una moda de fin de siglo, con ese desdén hacia el opositor que nos recuerda a cierto presidente de derechas y que nos empuja a dudar de su inteligencia. Porque ahora no sólo ha perdido a muchos de sus admiradores, sino que ha demostrado que debería leer algo más que las revistas del corazón.

Así pues, el Sr. Almodóvar declara que Brigitte Bardot, esposa, ciertamente, de un líder de ultraderecha, se hizo defensora de los animales “cuando dejó de ser guapa”, lo cual no es cierto, pero eso es lo de menos. El caso es que este movimiento al que califica de “moda” (como en su día se calificó al movimiento feminista o al de liberación gay) ha gozado de grandes defensores a través de la historia, grandes de la talla de Leonardo Da Vinci, Henry David Thoreau, Mahatma Ghandi, Friedrick Nietzsche, Lord Byron, San Francisco de Asís, Sylvia Plath o Fyedor Dostoyevski. Pero no hay que ir tan lejos ni en la distancia ni en el tiempo, porque también tenemos de estos grandes en casa: Francisco Umbral, Lázaro Covadlo, Rosa Montero, Jesús Mosterín,... Y ni siquiera hay que ser famoso para defender el derecho a la vida de los inocentes.

La filosofía de los nómadas de Norteamérica, casi eliminados por completo por civilizaciones más pragmáticas, se basaba completamente en este principio, así como la de las sociedades tibetanas, encabezadas por el incomparable Dalai Lama. Aunque, de nuevo, no hay que ir tan lejos. En este país muchas personas demostramos día a día, aunque Pedro insista en que no existimos, que la tortura animal no es, en absoluto, nuestra cultura. Habrá que recordarle que fue un miembro de su equipo de filmación quien denunció la matanza de los toros a los defensores de los animales; que fue Amnistía Animal, una organización de Madrid, la que interpuso una denuncia por maltrato a animales durante la filmación, que en el País Vasco varios jóvenes se enfrentan a penas legales por manifestarse pacíficamente frente a una plaza de toros, que en Catalunya el noventa por ciento de la población desprecia esta fiesta que nos resulta, no sólo espantosa, sino ajena.

Pero él, dale que dale con el cuento de que la España plural no existe, de que todos formamos parte de una masa con opinión única en el tema de la “fiesta nacional”. Y así, con la prepotencia del ex artista rebelde que más representa al sistema, hace gala de escaso ingenio con el raído sermón de siempre: “A ver si resulta que nos van a dar lo mismo los marroquíes que mueren en las pateras y sólo nos va a importar si los cerdos reciben buen trato cuando van al matadero”. Pues a los que no practicamos la compasión a conveniencia (jamás había oído hablar a Almodóvar de los inmigrantes hasta ahora) nos importan todos. Sí, sí, los humanos y los animales, porque aunque a él le resulte difícil entenderlo, la caridad humana (la auténtica) no tiene límites. Pero no quiero ponerme mojigata, podría darle otra razón a este señor para que se burlara aún más de nosotros. Prefiero que nos adelantemos, y más allá del dolor que nos produce tanta insensibilidad, pensemos en Almodóvar con ese ceño permanentemente fruncido hacia arriba, en estudiada humildad.

En su lamentable exhibición de peloteo durante la ceremonia de los premios Goya del año 2000, cuando desoyendo los deseos del Príncipe Felipe le cantó un Cumpleaños feliz que hizo enrojecer a muchísimos. En el bochornoso discurso en la ceremonia de los Óscars del mismo año, tan espontáneo como el “¡Pedrooooo!” preparado de nuestra Barbie autóctona, con el que buscaba la simpatía del público americano con su imagen de españolete sencillo y vivaracho. En el cortejo de cámaras que se llevó al cementerio para presentar la estatuilla ante la tumba de sus padres, convirtiendo el camposanto en un circo. En la grotesca imagen de Interviu ( 23 y 30 de julio) que muestra la mitad de su cara asomando tras el burladero durante la lidia de un toro. En su penosa autoentrevista en el póster creado por Club Cultura en la que, cómo no, menciona sus deseos de terminar con la injusticia y vuelve a hablar de África, el eterno comodín de la santurronería indolente. Y por fin, en la poca elegancia con la que ha evitado enfrentarse a la polémica.

Vamos, que aunque su trabajo no deje de gustar a muchos, por lo menos habrá que coincidir en que hay demasiadas cosas importantes que hacer en esta corta vida como para ir a ver otra película de un mediocre que se dedica a cometer barbaridades de todo tipo en lugar de preocuparse por los marroquís que mueren en las pateras.

Cristina Pérez Capdet
Aternativa para la Liberación Animal (ALA), Barcelona

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