Protestes

De raperos, nazis y justicias varias

Con el tono chulesco que la identifica, Díaz Ayuso condenó las manifestaciones por la libertad de Hasel añadiendo que el chico tiene “menos arte que cualquiera en un kakaroke con dos cubatas”. Por el contrario, Echenique saludó a los manifestantes “antifascistas” en un intento triste de plantar votos para el futuro incierto de su partido. A Ayuso le sobra razón, las manifestaciones violentas destrozan la causa que dicen defender, y por otra parte es evidente, para cualquiera que haya superado la adolescencia, que Hasel tiene el talento artístico de una legumbre.

Las trilladas arengas acerca del supuesto asesinato del hermano del rey emérito , sin defender a su dudosa majestad, quedan muy por debajo del noble ideal republicano, y el resto de sus acusaciones, aunque totalmente creíbles, lo convierten en un ignominioso símbolo de lucha por la libertad de expresión a causa de su zafiedad sin precedentes.

Por otra parte, la semana pasada se autorizó en Madrid otra manifestación que ni Ayuso ni Echenique, al no encajar en su agenda de manipulaciones, han mencionado. Apenas un centenar de nazis, liderados por una choni disfrazada de pinup y un cura de aquellos que aún pululan por las profundidades de la geografía, glorificaron el holocausto y culparon a los judíos de todos los males de la tierra. Se dice que la fiscalía del estado está investigando los hechos y esperamos que al final no se encuentre algún detallito técnico que libere de la cárcel a tales mamarrachos. Al fin y al cabo, si estas son nuestras leyes, lo merecen tanto como el rapero que, injurias a la corona aparte, ensalza el terrorismo. Es más, ya puestos también lo podrían condenar por calificar a las mujeres de zorras cuya valía se limita al tamaño de sus tetas, quizás así se abrirían un poco los ojos de tanta jovencita enfurecida capaz de arriesgar su integridad física por este personaje.  

Dicho esto, como al parecer la justicia no actúa con la misma contundencia para todos, permítanme que dude sobre el acierto de encarcelar a uno o a otros. El antisemitismo y el enaltecimiento del terrorismo, como bien dijo Errejón, nos repugnan, pero coartar la libertad de expresión no parece ser una solución. Unos y otros seguirán teniendo sus rebaños de seguidores, algo que ningún código penal puede evitar, y quizás una acción legal de este calibre tenga el efecto contrario al deseado, imaginando que éste fuera de verdad actuar contra la incitación al odio y a la violencia. Por el momento el encarcelamiento ya ha echado sus frutos y ahora el individuo en cuestión se ha convertido en mártir de la causa, su fama atraviesa fronteras y el mundo entero ha sido sometido a la peor de las condenas, escuchar sus peroratas para saber por qué la historia ha acabado, o acaba de empezar, de esta manera.

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