Via pública

De blanco y azul

Edifici Vilanova Baix-a-mar, mitja lluna. Eix

Edifici Vilanova Baix-a-mar, mitja lluna. Eix

Casi al final de Ribes Roges y en segunda línea, Hay un edificio de viviendas semicircular. Estaba pintado de un color, creo que de tonalidades terrosas y que, al menos para mi, siempre me pareció de gusto más que dudoso. Más que una residencia de gentes que buscaban el mar, parecía un cuartel.

Le han pintado recientemente pero esta vez de blanco y azul claro. Es otra cosa. Ahora  está entonado con lo que le rodea que es el mar y la playa. Yo diría que mejora la zona.

No puedo sino felicitar a los vecinos que han elegido esos colores, lo cual es milagroso viendo muchas de las fachadas de las casas de Baix-a-mar, pintadas según unos criterios pintorescos y  que en su mayoría son unos bodrios.

Se entiende que hay casos en que el desorden cromático puede parecer atractivo, pero no parece ser el caso de Baix-a-mar.

Se acepta que, de puertas para adentro, cada cual puede pintar su casa como le parezca. Pero las fachadas no son enteramente una cuestión de los propietarios de las viviendas, sino que afectan también al vecindario, como también afectan las aceras, los árboles y muchos otros elementos urbanos.

Si para esos últimos es el Ayuntamiento, con sus técnicos y expertos, quien elige y diseña todo lo referente al urbanismo, con las fachadas de las viviendas, que son también elementos urbanísticos, debería de ser lo mismo. Y esto no es así.

Hoy por hoy parece que cada cual hace lo que le parece y el Ayuntamiento le da el permiso sin ningún control. Se da el caso de un mismo edificio en el que la mitad es de un color y la otra mitad de otro. Incluso los colores de las fachadas de una parte de las nuevas viviendas de la plaza de la Mediterránea dejan mucho que desear, con esos colores rojizos, que parece que estuviéramos en Manresa y no en una playa del Mediterráneo. Y todo esto ha sucedido con el beneplácito de la Regiduría de Urbanismo.

Puede que el equívoco esté en tener una norma común para toda la ciudad, cuando es evidente que Baixamar está pegada a la mar y que requiere cierta estética específica. Puede que se deba a la mala gestión municipal encargada de la estética de nuestras calles.

Sea cual sea la causa del desbarajuste cromático de Baix-a-mar, parece de sentido común que se ordene mejor este punto. Hacerlo nos convendría a todos, especialmente en estos momentos en los que el dinamismo económico de Baixamar es evidente, frente a la velada recesión industrial y del comercio en la ciudad.

Por ello pediría al Ayuntamiento que decidiera de una vez, una paleta de colores para las fachadas, para los detalles y para los toldos. Esto se debe traducir en unas claras normas apoyadas por imágenes, dentro de las cuales se ha de escoger y sin ninguna excepción a la hora de pintar una fachada, salvo casos extraordinarios como sería que Norman Foster propusiera un proyecto de especial relevancia para la ciudad. Esto lo han hecho ya otras ciudades costeras.

En los últimos años se han pintado un montón de fachadas en Baix-a-mar con fortuna diversa. Es una lástima que no se haya aprovechado la ocasión para poner orden estético en el barrio.

A ver si el Ayuntamiento se decide a aprobar una ordenanza que acabe cortando esta sangría de mal gusto.

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