Masia Barreres

Lo queremos todo mientras no hacemos nada

Ciprià Pernas Fidalgo 06-03-2018 14:49 Lectures 2271

La existencia de debate es una ventaja para todos que debemos conservar como si del mejor patrimonio se tratara. Con él podemos defender principios e ideas además de ofrecer a nuestros interlocutores argumentos y posibilidades que ellos pudieran no haber contemplado. Dar y recibir como en el mejor de los amores en la predisposición para contemplar que lo que los demás te pueden aportar te va a enriquecer siempre, tanto si estás en acuerdo como si no. En mi intención reside que lo que voy a decir sirva para ello.

El proyecto del nuevo parque comercial en VNG es una oportunidad para muchas cosas. Más allá del hecho de estar en sintonía con él, lo es para enfocar de qué forma planteamos los pros y contras de los retos que tenemos por delante. Saber sin dobleces, si lo hacemos con sinceridad y compromiso.

Como en múltiples facetas de la vida es cuestión de mojarse. Tomar partido es una responsabilidad individual que acometemos cada día sin dedicar el esfuerzo suficiente. Con esta actitud minusvaloramos muchas de esas decisiones de las que decimos que empiezan por uno mismo. Lo sustantivo es hacerlo con interés más allá que salgan o se conviertan en una realidad coincidente con nuestros pensamientos. Buscar argumentos de peso que sustenten las opiniones con unos mínimos de coherencia nos permitirá primero, ser razonables con nuestras ideas y después con las que damos a los demás como plus que pueda reforzar sus propias aportaciones. El principio del dar para recibir explica una vez más que tanto al principio como al final, todo es amor, compartir y dedicarle tiempo.

Desde el rol de empresario me doy cuenta de que los negocios (grandes y pequeños), crecen en función de lo que yo soy capaz de ofrecer a mis clientes. Necesito identificarlos. Saber quiénes son, donde están para darles con mi oferta lo que me están pidiendo. Mis productos han de ser genuinos y diferenciados. Mis clientes, los que saben que lo son y los que todavía no son conscientes de ello vienen y vendrán por que se identifican con lo que hago y lo que estoy en disposición de ofrecer. Los empresarios que enfocan su éxito en función de lo que los demás hagan o dejen de hacer mientras se quejan y derivan la responsabilidad a instituciones o a otros empresarios no hacen por merecer y por lo tanto se abonan por si mismos al cierre de sus tiendas o negocios. Solo como ejemplo al azar, estoy plenamente convencido que empresas como L’Espiga d’Or (que lo es de proximidad), no temen por este o diez parques comerciales que pudieran surgir. Sus clientes comen pan, mientras otros en libertad, asumen comer pin o pon. Están enfocados en ideas claras luchando por un proyecto genuinamente diferenciado. Eso no solamente garantiza el hoy, también da ruta para mañana. ¿Han oído quejarse a algún paradista del Mercat de la Boquería por la existencia de El Corte Inglés de la Plaza Catalunya?... algo tiene que ver con defender un proyecto genuino.

Otro ejemplo, tanto desde el rol de cliente como el de empresario, hoy son muchos los ciudadanos que practican deportes relacionados con la bicicleta, invirtiendo miles de euros en ellas. Son herramientas de precisión que tienen que ver muy poco con aquellas que hace 40 años reparaba con bastante éxito el Sr. Planas en aquel taller oscuro y falto de orden que tenía junto al Mercado Central. ¿Llevarías hoy tu bicicleta a reparar a un lugar como aquel?... Son cuestiones de otro tiempo que se definen con la necesidad de mejorar lo que hacemos y estar a la altura de las necesidades que los clientes nos piden. No hay otra que evolucionar. No se puede llevar un negocio en el siglo XXI como se hacía en el XIX o XX. Si lo haces, has de asumir tu responsabilidad sin ventilarla a los demás.

No deja de sorprenderme también la cuestión de los horarios comerciales. Mientras aquí son un tremendo problema, a escasos siete kilómetros son una gran oportunidad. Mientras aquí se le llama empleos precarios, gran parte de los puestos de trabajo de la ciudad vecina son ocupados por vecinos de Vilanova que prefieren tenerlos a quedarse sentados en su casa esperando a que llueva el maná. La cuestión de la precariedad laboral se defiende en las instituciones, con las organizaciones empresariales, en las puertas de cada negocio mediante acciones globales, pero también individuales. Los vecinos de a pie están muy cansados de escuchar discursos institucionales de sindicatos vacíos de contenido real que se muestran incapaces de emprender acciones concretas que mejoren y protejan en la medida de lo posible contrato a contrato, persona a persona. Resulta muy fácil hacer declaraciones globales y ponerse en contra de todo mientras no ofrecen a nadie alternativas específicas y propuestas posibles que construyan y mejoren desde la realidad la vida de las personas.

Suena a muy incoherente decir NO a este o a otro proyecto semejante mientras a la media hora ves a estas mismas personas pasear como uno más por el Anec Blau, el Decathlon, L’Illa Diagonal, Gran Vía, etc. ¿Allí sí y aquí no?... Nos seguimos abonando generación tras generación a la irrelevancia. No tenemos mientras decimos no queremos tener. A la vez, nos vamos fuera a buscarlo. ¿Nos hemos vuelto locos o nos hemos comido un payaso?

Cuando pasamos por la variante a la altura del Tacó todos echamos de menos una salida que nos comunique con esa parte de la ciudad sin tener que dar el rodeo que ahora hay que dar. A esto yo también le llamo oportunidad. Seamos solo un poquito más imaginativos. Pongamos predisposición para preguntarnos que estamos haciendo desde el yo para mejorar lo que nos pasa. Desde este ejercicio nacen casi todas las respuestas y gran parte de las soluciones. Hace solo unos días que se clausuró el Congreso Mundial de los Móviles. Estoy convencido que alguna aplicación telemática se puede poner en marcha desde las instituciones para que desde nuestros teléfonos inteligentes de una forma sencilla y fácil este debate llegue a conclusiones que permitan acercarnos a lo que queremos para hacerlo ya. ¿Le podríamos llamar referéndum? Intuyo muy atractivo parecernos cuando menos en esto a Suiza.

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